III. Solo los buenos momentos.
Veo que no te fuiste o lanzaste… Sí, aun me falta mucho por contar. Te he traído un café con leche y vainilla, espero que te guste. Iba a correr el riesgo de traer algo más pero no tenía certeza alguna de que no saltarías y así que preferí no arriesgarme. De nuevo me miras feo ¿qué te parece si seguimos con este relato? ¿Dónde quedamos? Sí, ajá… claro. Emily estaba de nuevo en mi vida y yo estaba feliz, pero también sentía algo inusual en el fondo de mí ser. ¿Culpa? No, no era culpa. Era, una mezcla de emociones diversas que no comprendía, a cabalidad, me cuesta darle un nombre, y mi orgullo me impide pronunciar la palabra que me viene a la mente. ¿Qué? Bueno, me dejaré de rodeos… sentía yo, como es propio en cualquier ser humano, mucho miedo.
Sí, no me mires así; YO TENÍA MIEDO. Sí, como lo escuchas y ahora que lo digo en voz alta te debo confesar que se siente muy bien aceptar. En mis brazos estaba la mujer a la que amaba, pero no sabía qué hacer con ella. ¡Epa! Espérate un momento, no sabía qué hacer en lo referente a la “relación” con respecto a lo otro… bueno, dejemos mi ego básico y machista en calma por un rato y centrémonos en asuntos más espinosos: como por ejemplo lo que yo sentía.
Para un hombre hablar de lo que siente es difícil. Vamos, se nos ha enseñado por siglos, y se nos enseñará por mucho más tiempo, a no dejarnos llevar por las pasiones. Los sentimientos son cosas de mujeres y la razón es de nosotros. Menuda falacia. Si te soy sincero, las mujeres deberían conectarse con sus sentimientos, y dejar la racionalidad y los hombres deberíamos ser más… sensibles. Es un poco molesto decirlo, pero comienza a sentirse bien el repetir esas palabras.
Yo me sentía como Atlas, salvo que en vez de haber sido condenado por Zeus a cargar los cielos, yo había tomado esa decisión. Escogí ese camino y arrastré a Emily conmigo. Aquellos eran los pensamientos que me perseguían, pero distaban de ser la causa de mi perdición. En realidad esta se había forjado con una frase de Emily la cual cito textualmente. Sí, soy un pretencioso, aquí voy: No sé lo que deseo ¿Puedes creerlo? No sé que voy a hallar aquí, pero quiero hallarlo a tu lado. Estoy dispuesta a intentarlo. ¿No ves nada malo? Por el gran Arquitecto, ella estaba dispuesta a llevarlo a cabo. En cambio yo, no estaba dispuesto a intentarlo, yo estaba decidido, ya había saltado a aquel abismo y no me importaba nada. Ves, yo me dejé llevar por mi impulso y emociones ¿Y, ella? Se lo pensaba ¿Acaso la muy desgraciada no tuvo tiempo de pensar cuando estuvo ausente? Bien, bien, bien, bien… dejaré la intensidad y continuaré con la narración. ¿Qué tal tu café? ¿Qué? No me desvío.
Vamos a lo que nos importa ¿Cómo se fue estableciendo nuestra relación? Sencillo, Emily y yo iniciamos una sana rutina. Sí, de nuevo esa palabrita. Era sencillo, ella seguía con el seminario y yo trabajaba en mi proyecto, almorzábamos juntos y algunos días dábamos un paseo por el bosque. Por alguna extraña razón, si una razón extraña, evitaba el lago. La primera semana mantuvimos un estatus un tanto casto, fue realmente placentero, para mí era una experiencia única, desconozco ahora si ella lo disfrutaba al igual que yo, pero lo cierto era que para mí ese ritual hacía que todo lo malo que pasase en el día valiese la pena de ser soportado. En fin, yo estaba en el séptimo cielo, como suele decirse, y quiero creer que Emily también. Al cabo de un tiempo, esta casta situación se hizo insuficiente. El siguiente paso lo dio ella, pasamos de dejar de almorzar a cenar, y de cenas informales pasamos a unas cenas más elaboradas, al final esos momentos desembocaron en un abrumador fuego que turbó toda razón.
Sí, en poco tiempo Emily y yo nos dejamos llevar por nuestros deseos y terminamos compartiendo el lecho. ¿Se escucha anticuado? Pues así lo quiero decir. ¿Dónde empezamos a dormir juntos? Lo hacíamos de forma errática, a veces en su apartamento y otras en el mío. En poco tiempo, mi hogar se volvió una constante, y no pasó más de una semana en la cual me di cuenta de algo: Emily me había invadido. ¿Se escucha feo? Sí, es cierto. En fin, ya se había incorporado a mi vida. Tenía su espacio en mi closet, en el baño, en la alacena y el refrigerador; media casa era suya. Yo de nuevo pasaba por un momento dialéctico. Sentía un placer asombroso, me poseía una fuerza única, una que nublaba mi mente y me hacía mejor persona, una fuerza que me hacía sentir invulnerable. En ese momento estaba dispuesto yo a saltar de la azotea del edificio donde vivía, solo para ver si flotaba o caía al suelo y este se resquebrajaba. No había momento en el cual no pensara en ella, y sintiese aquella fuerza. Luego surgía otra, era un anhelo que cobraba fuerza, iba aumentando de velocidad y tamaño como una bola de nieve cuesta abajo en una pendiente muy inclinada, se hacía más fuerte y patente hasta que me dominaba y cortaba la respiración. Deseaba gritar y no podía, deseaba correr pero no debía, si lo hacía correría hacia ella… aquel anhelo enfermizo se volvía una ansiedad… una sed, una furia, una necesidad… un Dios-sabe-que-carajo que solo se calmaba cuando sentía la piel de aquella mujer entrando en contacto con la mía; cuando vea el brillo de sus ojos y su rostro decorado con una gran sonrisa. Aquellos labios carmín, aquellos dientes perlados, aquel aliento, aquel pecho vibrante, aquella mujer entre mis brazos, aquel corazón que debía latir al unísono con el mío… me importaba todo, y me importaba muy poco.
Realmente estaba loco por esa mujer ¿Era malo aquello? Tú crees que no. Es natural ¿Cierto? ¿Ahora puedes entender por qué deseo saltar? No, no puedes entenderlo porque desconoces el mal que me hizo. Ahora me pregunto ¿me hizo algún mal? O ¿Lo que pasó me lo busqué? Comienzo a pensar que todo lo que pasó ha sido mi culpa. ¿Sabes que he aprendido este tiempo? Que todos nos miramos el ombligo; no nos importa nada más que nuestros jodidos ombligos, caminamos así por la vida sin ver al frente, atrás o a los lados, y nos llevamos todo por delante. Lo más fuertes no sufren por eso, y los más débiles, lo son tanto que mueren al entrar en contacto con los fuertes. Pero hay algunos que sobrevivimos al daño que nos hacen y también hacemos daño, somos quienes la pasamos peor. Yo creo que solo miraba mi ombligo, y no me importaba nada en aquel entonces. ¿Y, ahora? Sigo viendo mi ombligo, eso no está mal. Pero aprendí a mirar a los lados. Y, a pesar de ello pensé en quitarme la vida ¿Puedes creerlo? Soy un hombrecillo patético… no valoro lo que tengo ni valoré lo que tenía, ni lo que me ofrecieron… cualquier cosa que me pase me la merezco.
¿Exagero? No sé, dímelo tú. ¿Hubo días felices? Preguntas ¿Qué si hubo días felices? Quien en este jodido mundo te diga que ha tenido un día feliz te está mintiendo. Nadie tiene un día feliz, hay momentos felices… ¿tuve momentos felices al lado de Emily? La respuesta es: Sí. Recuerdo tantos, pero cuando los razono me parece no ser tan felices a pesar de todo. Era feliz cuando nos levantamos en la mañana después de pasar la noche juntos, ella a diferencia de muchas mujeres se arreglaba rápidamente, y muchas veces salía sin esperarme, pero dejaba un regalo para mi… tras de sí quedaba una estela de perfume, que parecía descender de los cielos como un prístino y perezoso rocío mañanero, que se asentaba en todo sitio por el cual ella había pasado. El cuarto de baño, la sala de estar, nuestra habitación hasta la cocina quedaba impregnado con su olor. Este no solía irse por días, o a mi me daba esa impresión, y me hacía sentir acompañado en todo momento, era un placer llevar ese grillete.
¿Otro momento? Recuerdo un momento clave, desconozco si es feliz o no ¿Tú me lo dirás? Me parece bien. El fuego de aquel sublime acto que el vulgo llama hacer el amor, había desaparecido solo quedaba el cansancio acompañado de la mayor satisfacción del mundo. Yo esperaba que mi cuerpo reaccionara como siempre suele hacerlo, pero no fue así. Ella en cambio si actuó como debía y al rato cayó en un profundo sueño. ¿Estaba agotado yo? En efecto, pero no podía conciliar el sueño, había algo en el estado de Emily que me lo impedía. Allí, desnuda envueltas en mis sabanas y dándome la espalda yacía ella. Durmiendo como supuestamente duermen los inocentes, parecía sin duda un hermoso querubín. No pude evitar velar su sueño y obsérvala en detalle. Sabía que podía despojarla de sus sabanas para contemplar el monumento de su cuerpo desnudo, pero era innecesario, además no deseaba despertarla. Su respiración rítmica era hipnótica y realmente me tranquilizaba ¿Tenía un problema? Yo creo sí. Bien, lo cierto es que en ese momento pude ver su negra cabellera suelta y revuelta, libre de aquella cinta con la cual se la amarraba. Toqué con cuidado su marfileña piel y no pude evitar recorrerla, aunque te confesaré que lo hice con mucho cuidado. Para cuando me detuve no había tocado gran parte de su cuerpo, te preguntaras ¿Qué me detuvo? Fue algo… algo… algo… como decirlo, algo inusual… comprendí en ese momento porque, cuando estuve frente a ella en el anfiteatro sentí mucho miedo, y no sabía que iba a hacer con lo que ahora tenía. En ese momento me percaté de que Emily era, como todos nosotros, un ser vulnerable.
Desde ese día, no pude dormir con calma ¿Por qué? Me percaté de la responsabilidad que implicaba estar con otro ser humano. ¿Qué sería de ella si yo hacia algo indebido? Ya no estaba solo en el mundo, de una forma única y diferente estaba vinculado a otra persona. ¿Qué? ¿Qué si no tengo amigos y familia? Sí, tengo amigos y familia, pero la situación es diferente, o al menos para mí lo era. Me sentía vinculado efectiva y afectivamente de una forma que no podía entender, pues hasta ese momento la relación amorosa no era para mí algo más que una relación frívola y física. —Son tus hormonas— Me decía una débil voz dentro de mí. Pero yo sabía que mentía. Mi momento feliz se había trastocado, pero realmente no dejaba de ser un momento feliz.
Luego de comprender mi responsabilidad, luego de ver la intensidad de lo que sentía y la magnitud de mis actos, surgió una duda en mi ser ¿Sentiría Emily lo mismo? ¿Estaría ella al nivel de mi pasión, descendía conmigo a este abismo o simplemente se alejaría una vez que el fuego de mi pasión y mi locura la alcanzaran? En ese momento no tenía respuesta para esas interrogantes; estás llegarían mucho después y una parte de mi se arrepiente de haber convocado a esas fuerzas, pero otra está muy agradecida, y es la única que disfruta solo los buenos momentos…