V
Bay-lang, con toda su hermosura se manifestó ante él. Era, como recordaba, una esfera aguamarina, única y vibrante, y a su vez su más grande anhelo. Durante siglos, su casta había regido aquel mundo, ahora todos habían sido asesinados o desplazados, por las castas inferiores. Ideales corruptos como la igualdad, la democracia y la libertad habían infectado su mundo, sembrándolo de muerte y caos y sobre todo alejándolos de su Dios. Pero ahora él estaba allí, todo eso cambiaria.
— ¡Oh amada mía!— dijo — te muestras ante mí, vulnerable, temerosa y aun con el velo sobre tu rostro, pero no temáis, pues soy un cándido hombre y un tierno esposo. — masculló mientras observaba al planeta a través de la pantalla.
Pudo ver como los satélites de defensa y otras patrullas que se movían en su orbita sincrónica, sin saber que su gigantesca nave: la Restitución, se hallaba allí lista para desplegarse. Se preparaba para dar la orden de descubrirse, en su mente ya se veía como vencedor. Ninguna nave del planeta, ni los satélites de defensa o las minas orbitales podrían hacerle frente a su nave, la cual tenía la mejor tecnología que los Romulanos y sus aliados, podían ofrecer.
Una vez que destruyera las defensas descendería con su nave a cierta altura y desde allí se transportaría a la superficie con sus tropas de choque. Los fieros Nausican, los brutales Gorns, los silenciosos Remanos y claro está los soldados Dacteri de la casta guerrera. Todos ellos parecerían a su confundido pueblo, como demonios, terribles bestias surgidas del averno, pero tan disciplinados y plegados a la voluntad de él, que nadie dudaría de sus cualidades paranormales… NO, paranormales, no. Divinas.
—Señor los sensores detectan una firma de energía inusual, es una nave estelar. —dijo el oficial táctico.
— ¿Dónde?— inquirió Dante temiendo que alguien en Bay-lang hubiese dado con él.
—Esta oculta detrás del satélite natural más cercano. — replicó el oficial. — se dirigen hacia aquí, parece que saben dónde nos hallamos.
—Eso es imposible— replicó Dante— Póngalo en pantalla.
Grande fue el susto que se llevó el dacteri cuando observó la nave que se dirigía en curso de intercepción. En otros tiempos se habría asombrado, aun más, pero reconocía la forma a distancia. Aun así, pidió que ampliaran la imagen. Ante él se encontraba la U.S.S. Hermod en todo su esplendor.
— ¿Cómo dieron con nosotros?
—Realizaron un rastreo de partículas Tachyon de alto espectro; señor— Replicó el Timonel.
—Nos saludan, señor— dijo el navegante.
¿Cómo era posible? Pensó más de una vez el dacteri, su plan era infalible, conocía a Kuriko y sabia que seguiría ordenes, que su prioridad eran las conversaciones de paz con aquellas lacras cardassianas. No había manera que la mujer se estuviese saltando las reglas… a menos que hubiese penetrado en su mente, dado con sus pautas de comportamiento, pensando como él. Aquellas ideas comenzaron a recorrer su mente, y por primera vez en mucho tiempo, Dante se sintió vulnerable; por primera vez en años sintió miedo.