jueves, noviembre 17, 2011

El Gambito de Dante VI

 

VI

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Una Kuriko con el ceño fruncido, observó como aquella nave se descubría. Tal como había predicho, Dante se revelaría antes de saludar. —Eres como un pavo real. — masculló ella mientras observaba con detalle el chasis.

La nave del dacteri, tenía una forma inusual, le recordaba en cierta medida a las naves del Dominion. Estas tenían las barquillas Warps incorporada a la parte posterior de la nave, dándole el aspecto de la parte posterior de un insecto. Igual que aquellas naves, la de Dante tenía una retaguardia amplia, que se unía a otra parte un poco más pequeña al frente, de la cual surgían a su vez cuatro largas extremidades, parecidas a tentáculos. Kuriko y muchos de los miembros de puente pensaban que tal vez estaban viendo la nave desde atrás y no por delante; pero sabían que los sensores no se equivocaban.

Todo con Dante era inusual, aquella era la razón por la cual lo odiaba. Hacía mucho tiempo, mientras se llevaban las pláticas de paz, donde la Federación medió entre el Directorio de Bay-Lang y la Unión Cardassiana, allí una complaciente Kuriko cedió al candor de un joven paje llamado Dante.

Recordaba aquellas fechas, como si fuese ayer, pues eran sin duda un estigma que ella cargaba. Tratando de ser obsequiosa, había bajado la guardia y dejado que aquel joven inusual e interesante la envolviese en su red, en poco tiempo ella y otros miembros de la tripulación, habían sido seducidos por su encanto. No sabía cuál había sido la intensidad, que la relación de Dante y los otros tripulante habían tenido, pero la de ambos había sido realmente intensa. Dante, la había entendido a cabalidad, la había leído como a un libro y había dicho lo que ella quería escuchar. El dacteri se había percatado, que ella, como todos los individuos en puestos de verdadero poder, estaba realmente sola. Conociendo aquel defecto, se había decidido a llenarlo o mejor dicho a fingir que lo llenaba.

Kuriko evocó las largas e intimas conversaciones, los besos y las caricias, los momentos de debilidad y las promesas. Y no pudo hacer nada más que sentir asco y odio. Frente a Dante había vuelto a ser la niña desvalida que había perdido a su padre a temprana edad; frente al dacteri, había sido ella de verdad. Aquello no habría sido pernicioso con otro hombre, además habría sido hasta deseable, lo único malo era que aquel hombre se había aprovechado de esa situación.

El chasquido del saludo sacó al capitán de su ensoñación, y mecánicamente ordenó que el mensaje se transmitiera a la pantalla principal.

—Capitán Matsumoto— dijo obsequiosa y alegremente el alienígena. — ¿a qué debo el placer?

—Señor Dante, usted estaba bajo arresto por crímenes cometidos contra la Federación Unida de Planetas. Prepare su nave para ser abordada o en su defecto entréguese por las buenas.

—No reconozco ninguna autoridad Federal— replicó el aludido— Y, a estas alturas de la vida, querida mía deberías saber que no respondo ante nadie. Yo tengo una mejor oferta, saca tu nave del soberano espacio de Bay-Lang, donde no tienes jurisdicción y dejaré que esto pase como un incidente menor.

—No está usted, en situación de negociar— replicó Kuriko sin perder la compostura.

La Restauración es superior a la Hermod, no me amenace. Además, si hace algo usted estaría violando los valores de su federación, los cuales sino me falla la memoria, todos tienen en alta estima.

Kuriko sonrió frente aquella respuesta; Dante le recordaba que la conocía muy bien. Se sentía seguro y orgulloso o fingía estarlo, pero en el fondo ella sabía que no era así. —Sabes que te estoy leyendo como a un libro, tienes miedo y por eso te vales de esos artilugios legales— se dijo la capitana

—No lo advertiré de nuevo. Entréguese o comenzará algo que no podrás detener. Obviamente tu plan ha fallado, ríndete y tendré piedad de ti. Estarás más seguro y cómodo en nuestra prisiones. Te protegeremos de tus amos romulanos, como el indefenso cachorro que eres.

— ¿Cómo te atreves, mocosa?— replicó el dacteri, realmente furioso. — ¿Cachorro? ¿Cachorro? ¿Cachorro? ¿Cachorro? ¿Cachorro? ¿Piedad? ¿Piedad? ¿Piedad? ¿Piedad? ¿Piedad? Tú serás la cachorra, te capturare y te pondré un gran aro al cuello, te tendré desnuda y haré que toda la tripulación…

Dante no pudo terminar de proferir sus amenazas, pues a una señal suya la capitana le había cortado en seco.

—Alerta Roja, todo el mundo a sus estaciones de batalla. — Ordenó una sonriente Kuriko.