sábado, noviembre 19, 2011

El Gambito de Dante VII

 

VII

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En un enfrentamiento, en una batalla, en la guerra siempre hay factores que pueden alterar los resultados que inicialmente se tenían por seguros. Quien ataca primero, quien es más rápido, quien está mejor preparado, quien conoce el terreno, o es el más hábil, es aquel que puede marcar la diferencia y conseguir doblegar al oponente.

La Restauración tenía el doble del tamaño de la Hermod, además estaba fuertemente armada, pero Dante carecía de la tripulación y la experiencia de esta última. La Hermod rápidamente avanzó por debajo de la Restauración y realizó unos cuantos disparos, antes de poner rumbo hacia el satélite natural más cercano. Dante, enfurecido y con poca experiencia decidió seguir a la nave federal.

Para cuando llegó al satélite, la Hermod apareció por el otro lado, había circunvalado el cuerpo celeste a gran velocidad. La retaguardia de la nave del dacteri se hallaba desprotegida y Kuriko no dudó en atacarla con todas sus fuerzas. Una andanada de torpedos fue lanzada desde la Hermod, estos últimos dieron en su blanco con una precisión quirúrgica destruyendo puntos clave de la otra nave, pero haciendo solo el daño suficiente para provocar a su adversario. Acto seguido la Capitana de la nave federal puso rumbo hacia el planeta.

Dante, cada vez más herido en su orgullo, dio la vuelta hacia la Hermod sin mediarlo un segundo y disparando a discreción. Sus disruptores alcanzaron la retaguardia de la nave federal, pero no lograron hacer un daño significativo. Su oponente parecía estar dos pasos delante de él. Enfurecido cada vez más, el capitán dacteri repitió su ataque una y otra vez, sin prestar atención a sus hombres, y mucho menos a su entorno.

Tarde fue cuando se percató de que la capitana de la nave enemiga lo había atraído hacia un terreno que no le era favorable. Estaba al rango de los satélites de defensa de Bay-lang, y estos no dudaron en atacar. Aquella arremetida realmente no minó de forma alguna el escudo delantero de la Restauración, e hizo que la moral de su capitán aumentara al resistir aquel embate. Orgulloso de haber resistido el dacteri no dudo en contraatacar con todas sus fuerzas contra estos. Realmente se sintió todopoderoso al verlos estallar en medio del espacio. Aquel momento de triunfo habría sido verdaderamente significativo, si la Hermod no hubiese intervenido, y si Dante se hubiese percatado de que todo era una distracción.

La Hermod poseía un gran timonel, cuyo talento le permitió eludir los satélites con facilidad y además posicionarse convenientemente en uno de los flancos de la Restauración. Aquella parte de la nave esta mínimamente protegida, pues Dante había concentrado sus esfuerzos en el frente. Sin dudarlo, la Hermod lanzó un ataque combinado de faser y torpedos.

Los estallidos de energía surgieron por todos lados, el golpe había sido efectivo y realmente letal, pero no lo suficiente para acabar definitivamente con la nave dacteri.

—Sus sistemas de armas están a menos de la mitad de su capacidad, Señora— dijo el Teniente comandante Bolívar.

—Habrá un canal— ordenó Kuriko. La orden fue cumplida sin rechistar e inmediatamente frente a la pantalla se encontraba la imagen de Dante. Kuriko lo detalló, el hombre estaba molesto, sus rasgos se habían deformado, atrás quedaba la expresión de suficiencia para dar paso a un rostro lleno de frustración y desesperanza. —Saludos, conquistador de Bay-lang, Mesías de los Dacteri— dijo la mujer mientras observaba con cuidado aquel puente donde las llamas, el humo y el caos estaban haciendo de la suyas.

—Tú, Maldita…

—Su nave se encuentra significativamente dañada, nuestros sensores revelan que muchos de sus sistemas están fallando. —le atajó Kuriko. —Estamos dispuestos a dejar a su nave intacta, y perdonar a su tripulación, si el mesías se entrega. ¿Qué le parece mi oferta?

—Maldita humana, puedes meterte… —de nuevo la comunicación fue interrumpida por Kuriko con una simple señal.

—Señor Bolívar, daremos el puntillazo final.

Desde el puente de la Restauración un enfurecido Dante observó como la nave estelar federal se dirigía hacia él. Parecía cargar a gran velocidad, probablemente volvería a aprovechar su tamaño y pasar por debajo de la nave de Dante y atacarla por el vientre.

—Ponga curso de intercepción— Ordenó el Dacteri.

—Señor, sin duda sería preferible realizar una maniobra evasiva o huir del sector. — recomendó el timonel de la nave.

—Haga lo que le digo— gritó Dante enfurecido.

—Señor…pero…— titubeó el timonel y aquello fue lo último, que aquel miserable, pudo hacer en su vida, pues un enloquecido Dante no dudó en tomar su arma y dispararle a mansalva.

El último ataque propinado por la nave federal no fue letal, pero si causó un efecto en cascada en todos los sistemas, en cuestión de segundos todo comenzó a fallar. Consciente del peligro rápidamente la tripulación comenzó a evacuar a su forma la nave.

Dante, ahora en el suelo en medio de chispas, humo y escombros observaba como sus sueños habían sido destruidos. Todo su trabajo, su destino vuelto solo detritus, todo por culpa de una furcia humana que nunca entendió su lugar. Confundido, el dacteri se puso en pie y salió a gran velocidad del puente. Aunque no entendía ya que pasaba, sus instintos sí. Así, que sin dudarlo salió a por una capsula de escape.

Kuriko observó como los estallidos se sucedían a través del chasis de la gigantesca nave, aquello parecía un árbol de navidad, con sus luces intermitentes de colores. Las capsulas de escape, lanzaderas y cazas de la nave dacteri salían disparadas de está como los últimos pataleos de un ahogado.

—Las ratas escapan del barco— masculló la mujer con calma mientras observaba aquel espectáculo.

— ¿Qué hacemos capitán? —Inquirió el Comandante Rann

—Capturemos los cazas y lanzaderas porque creo que los dacteris no podrán con ellos. Las capsulas de escape se las dejaremos a estos últimos. —respondió

— ¿Y, Dante? Mi Capitán— preguntó el Comandante.

—No creo que haya sobrevivido, pero sí lo hizo, estará en Shock por mucho tiempo, además tendrá que preocuparse por sus amos romulanos, el Tal´shiar no perdona el fracaso.

—Entendido, señor— respondió el bajorano mientras confirmaba las órdenes del capitán. Y con un gesto el Gambito de Dante, su gran jugada se daba por terminada.

Fin